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Preguntando sobre Arte

Alfredo Gramajo Gutiérrez, el artista tucumano de moda en el mercado local

Nacido en Tucumán en 1893, fue el pintor de las costumbres del norte. Sus obras fueron siempre baratas pero en los dos últimos años su cotización ha subido en forma geométrica

Por Ignacio Gutiérrez Zaldivar Especial para El Cronista

El cuadro Pelando Caña de Azúcar, fue subastado por u$s 56.000

Es un placer ver que el mercado del arte reconoce a los artistas, aún sin tener ellos una buena difusión y promoción. Uno de los artistas más originales de nuestro país ha sido Alfredo Gramajo Gutiérrez, uno de los pocos, con Leónidas Gambartes, que ahondaron en la tierra americana y lograron hacer un arte personal y original, de los pocos que miraron a América y no cruzaron su vista con Europa, como es una constante en nuestro arte.

Nacido en Tucumán en 1893, cuando tenía 14 años viajó con su madre viuda y sus cinco hermanos a Buenos Aires, donde ingresó a trabajar en los ferrocarriles, En esa tarea el artista permaneció durante 40 años, teniendo como beneficio la posibilidad de viajar a sus pueblos amados del noroeste sin necesidad de abonar pasaje.
Estudió en la Academia de Bellas Artes y siempre fue reconocido por la crítica por la originalidad de su obra. Con 26 años de edad obtuvo el segundo premio del Salón Nacional y cuando tenía 61 años le otorgaron el Gran Premio, lo cual fue en el año 1954.

Fue el pintor de las costumbres del norte, con sus fiestas religiosas y paganas. Representó a los personajes del lugar como nadie y con una paleta pura y fuerte. Algunos lo han calificado injustamente de naif o pintor ingenuo cuando simplemente fue un pintor de costumbres, quizás un primitivo, con una mirada y pincelada puras.
Leopoldo Lugones lo admiraba y lo tituló como ‘El pintor nacional’. Su otro preferido fue Quirós a quien calificó como ‘El pintor de la patria’. Hombre sencillo, manifestaba que no vivía sino que ‘documentaba’ la vida de sus prójimos.

La Promesa, vendida en u$s 150.000, fue pintada por Gramajo Gutiérrez en 1919

En su casa de Olivos lo frecuentaban grandes personalidades de la talla de Alberto Güiraldes, Angel Domingo Vena y Benito Quinquela Martín. Recién durante los últimos 15 años de su vida se dedicó exclusivamente a la pintura, dando cátedra de dibujo y abandonando sus tareas administrativas en el Ferrocarril.
Hace nueve años la Universidad Católica Argentina le dedicó una muestra retrospectiva que también en el 2011 realizó la Fundación OSDE.

Sus obras tienen mercado solamente en Argentina, y unas cinco pinturas aparecen en subasta cada año. Sus valores fueron siempre bajos pero en los dos últimos años su cotización ha subido en forma geométrica y hay unos coleccionistas que pujan con fervor por sus obras.

Esta semana se alcanzó el precio récord por una obra de tamaño mediano (70×88 cm) que se vendió en u$s 150.000, superando todas las expectativas y poniéndolo en el mismo escalón del mercado que Pettoruti, Berni, Quinquela, Fader y Quirós. En diciembre se había vendido otra similar en u$s 100.000 y este año otras dos superaron los u$s 50.000. Creo que el mercado ha reconocido al artista aún más que los críticos de arte.


Podrán leer el artículo completo escrito por el Dr. Ignacio Gutiérrez Zaldívar para El Cronista en el siguiente link: http://bit.ly/2cQHIyW