Fader Fernando (1882 – 1935)

Artísta

 

Nació en Burdeos, Francia, el 11 de abril de 1882, pasó su infancia en Mendoza, por eso manifestó alguna vez ser mendocino, se educó en Europa, vivió algunos años en Buenos Aires, pero la mayor parte de su vida transcurrió en la provincia de Córdoba, donde pintó los maravillosos paisajes de las sierras, y allí falleció el 28 de febrero de 1935, en su casa de Loza Corral, Ischilín. A pesar de su lugar de nacimiento es, sin duda, un artista argentino, un «grande» de nuestro arte.

Su padre Carlos Cristián Fader era un ingeniero naval alemán que llegó a la Argentina en 1868. Crea un astillero en el barrio de La Boca y realiza numerosas obras públicas con el apoyo de Presidente Julio Argentino Roca.

En 1872 conoce en el Tigre a la Vizcondesa Celia de Bonneval, quien contaba 26 años, con quien se casa y tiene 6 hijos varones: Carlos (economista), Enrique (ingeniero), Adolfo (bioquímico), Luis (funcionario público), Federico (banquero) y Fernando (artista), todos ellos se destacaron en sus actividades.

En 1886 la familia Fader se traslada a la ciudad de Mendoza, donde Carlos funda la Compañía Mendocina de Petróleo y creó una fábrica de gas, que proveía luz a la ciudad. Dos años después Fernando partió a Francia donde cursa los estudios primarios y luego en Alemania los secundarios. Regresa a fines de 1898 a Mendoza, ya había despertado en el su vocación por el arte, el joven Fernando realiza en esta época dibujos en tinta, copia de retratos de pintores y escultores célebres, algunos paisajes y pinturas costumbritas. En el año 1900 viajó a Europa ingresando en los cursos de pintura de Henrich Von Zügel, en Munich, Alemania. Pintó allí al aire libre, en especial paisajes y animales, característicos de la temática del maestro alemán y también escenas de las costas de Holanda, que recorría durante los veranos. Participa en 1904 en el concurso anual de la Academia Real de Pintura de Munich y obtiene Medalla de Plata y una Primera Mención.

Mendoza (1904 – 1913)Regresa a Mendoza en 1904, decidido a dedicarse exclusivamente al arte. La pintura de este periodo está realizada con trazos rápidos que llevaron a algunos críticos a sostener que sus obras eran «demasiado abocetadas». Fader siempre consideró extraordinario el método de enseñanza recibido. El paisaje y el retrato fueron los temas abordados en el periodo mendocino, Ñacuñan, Cacheuta y Pichiciego fueron sus lugares predilectos. Realiza su primera exposición en Argentina en la casa paterna, donde tenía su taller, que fue también la sede de su Academia de pintura, única en la provincia. Al año siguiente expone en el Club Español de Mendoza y en el Salón Costa de Buenos Aires, donde obtiene una rápida consagración con exposiciones anuales durante los siguientes cuatro años (1904 – 1908). Don Emiliano Guiñazú, un respetado vecino mendocino lo contrató para decorar con pinturas murales su casa de Luján de Cuyo (hoy Museo Provincial de Bellas Artes «Emiliano Guiñazú» Casa de Fader).
Le confió además la iniciación artística de su hija Adela, con quien Fader se casó dos años más tarde y tuvieron tres hijos: Raúl, César y Adelita.

Su preocupación por lograr un arte genuinamente nacional lo acercaron a otros artistas que compartían las mismas inquietudes: César Bernaldo de Quirós, Carlos Ripamonte, Justo Lynch, Pío Collivadino, Alberto María Rossi y el escultor Arturo Dresco. De sus charlas y reuniones nació el Nexus, primer grupo de Arte Nacional, que realizó tres exposiciones entre 1907 y 1908, instalando las inquietudes de arte independiente y nacional, que se ven coronadas a partir de septiembre de 1911, con la creación del Salón Nacional de Arte. Fader fue uno de sus fundadores y principal ideólogo. En una conferencia pronunciada en 1907 dijo: «Las raíces y nuestras fuerzas están en cultivar lo propio» y para Fader y los integrantes del Grupo Nexus las raíces estaban en nuestro paisaje.

Al fallecer su padre en 1905, sus hijos deben hacerse cargo de las empresas familiares, es por eso que Fernando abandonará la pintura durante casi cinco años (1909 – 1913), y pone su empeño en la conclusión de las obras de la usina hidroeléctrica sobre el Río Mendoza, pero desafortunadamente un aluvión destruyó las instalaciones, y se declaró en quiebra en 1914.

La Vuelta a la Pintura (1914 – 1916)En 1914 Fader se instaló en Buenos Aires y retomó la pintura, expone en el Salón Nacional, obteniendo el Primer Premio Adquisición por su obra «Los Mantones de Manila», al año siguiente participa en muestras colectivas.

Fader vivía en el barrio de Belgrano, donde recibió la visita de Federico Müller, un comerciante de arte que tenía su local en la calle Florida, que se convirtió en su marchand y amigo. Realizó en Galería Müller exposiciones individuales casi todos los años con un éxito cada vez mayor.

Córdoba (1916 – 1935)Cuando contaba con 33 años y a raíz de una simple operación de apendicitis, se le descubre un tumor tuberculoso y se le pronostican tan solo seis meses de vida. Gracias a una nueva operación del Dr. Francisco Llobet se abrigan esperanzas, en la medida que se traslade a las sierras de Córdoba. En 1916 se instala con su mujer Adela y sus hijos Raúl y César en la ciudad de Dean Funes. A los seis meses se muda a 30 kilómetros, al paraje «Ojo de Agua de San Clemente» donde vivirá durante dos años. Allí pintó las obras que integraron su exposición de 1916 en Galería Müller, en donde se destacan «El sobrepellón negro» y «El peral y la loma». Fader tenía predilección por utilizar animales como modelo, un legado de su maestro Von Zügel, que era el más grande pintor animalista en Alemania. También pintó allí la maravillosa serie «La Vida de un Día», en la cual refleja el rancho donde vivía, a diferentes horas del día.

Fader disfrutaba pintando al «aire libre» y era el otoño su estación preferida. Realizó maravillosos paisajes de las sierras cordobesas que recorría cargado de telas, pinceles y óleos. Para pintar debía esperar el buen tiempo y se largaba al camino en busca del paisaje con su automóvil, un Ford «a bigotes». Cada obra le llevaba varias sesiones y debía esperar al día en que se repitieran las mismas condiciones atmosféricas para poder continuarla. Dijo el artista: » A veces, me ha sorprendido la noche en el medio de mi labor interminada, entonces me he quedado a dormir dentro del auto a veces una semana hasta sorprender la hora o el minuto propicio en el estado de ánimo de la naturaleza estuviera en mi tono».

Fader logra magistralmente, como nadie en el arte de los argentinos, fusionar la figura con el paisaje, sus modelos preferidos eran Laurencia Ochoa, Rosario y los vecinos y la gente que trabajaba en su casa. Fader no dejaba nada al azar sino que componía perfectamente el cuadro, pese a que sostenía que no hacía bosquejos numerosos de ellos se encuentran en sus libretas de trabajo. Por lo tanto a diferencia de los impresionistas, que captaban un momento determinado, él componía el cuadro con la figura buscando una estructura firme y no tan sólo reflejar un momento.

Durante sus últimos veinte años Fader vivió enfermo, no había cura para lo suyo y tampoco él tomaba los recaudos necesarios para mejorar su estado. Adelita su hija prácticamente no tuvo contacto con su padre en razón del peligro de contagio de su enfermedad. Ante la imposibilidad de pasar largas horas pintando al aire libre sufriendo las inclemencias del tiempo, muchas veces pintó escenas del interior de su estudio y algunos desnudos.

Los últimos años, debido a su salud, pudo realizar sus «excursiones pictóricas» por la provincia sólo en el verano, realizando la última en 1931. En ellas recorrió los pueblos del norte cordobés, rescatando con sus pinceles sus construcciones coloniales e iglesias como las de Pocho, San Francisco de Chañar y La Higuera, como así también ha dejado plasmado a su querido Ischilín y su bellísima capilla.

Se le aconsejó una internación en distintos establecimientos, negándose a ello sistemáticamente ya que no toleraba vivir con extraños. Los últimos cuatro años de su vida prácticamente los pasó sentado a pocos metros de su cama, escuchando música y dictando su correspondencia a sus hijos, quienes lo cuidaban con pasión.

En 1932 su marchand Federico Müller realizó una gran exposición retrospectiva en las salas de la Comisión Nacional de Cultura Palais de Glace, integradas por mas de 100 obras de Fader. El 28 de febrero de 1935 Fernando Fader falleció e su casa de Loza Corral, provincia de Córdoba. Entre el 29 de julio y el 17 de agosto Müller organizó en su galería la exposición póstuma, con 132 obras entre óleos, dibujos, acuarelas y pasteles.

2012 – Muestra 150 Años del Arte de los Argentinos

Necesita Ayuda?