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Peggy Guggenheim

La Duquesa de Venecia

Por Ignacio Gutiérrez Zaldívar

Venecia es mi ciudad predilecta, durante más de 50 años la visito y continúo deslumbrándome. Es “la piú bella” y también “la serenissima”, todo es arte, tanto lo clásico como lo moderno.

Peggy Guggenheim en su amada Venecia.
Peggy Guggenheim en su amada Venecia.

La gente encantadora y además de visitar “La Academia” con los más bellos Bellini, el Ca ‘d’Oro con su San Sebastián de Mantegna, está el Ca ‘Rezzonico con su colección de pinturas de Longhi, la Fundación Prada con sus “Conciertos espaciales” de Lucio Fontana, y rodeando la Piazza San Marco, el museo con la historia de la ciudad y lindísimas pinturas de Antonello da Messina. Luego los Tintoretto de la Scuola de San Rocco y en el Palacio Ducale, que también tiene dos obras de Hieronymus Bosch.

Cada Iglesia tiene pinturas fabulosas, todo esto justifica 4 días de caminar y de “vaporetto”. Y del arte moderno, François Pinault, el dueño de Christie’s, nos muestra sus colecciones en el fabuloso Palazzo Grassi y en la Dogana que reconstruyó luego de dos décadas de abandono.

Pero mi lugar predilecto es la casa de Marguerite “Peggy” Guggenheim, donde todas las obras de arte son fabulosas y el lugar, y su terraza, te hacen sentir en el paraíso.

Nacida en Nueva York en 1898, su padre muere en el hundimiento del TITANIC, su madre era enferma y te repetía las cosas tres veces. A los 21 años Peggy hereda el equivalente a 25 millones de dólares que dilapida con gran velocidad, crisis del 29 mediante.

Peggy junto a dos pinturas de Pollock.
Peggy junto a dos pinturas de Pollock.

Se casa varias veces, tiene dos hijos y vive en París y Londres. Se hace muy amiga de Marcel Duchamp, quien la asesora sobre el mundo del arte. Abre una galería en Londres y expone por primera vez a Kandinsky, entre otros. Pone como director de la galería al brillante crítico Herbert Read. Termina la aventura perdiendo dinero y acomplejada por su nariz aguileña.

Muere su madre y hereda 450.000 dólares. Viaja a París justo antes de la ocupación alemana y compra una pintura o escultura cada día, todo estaba regalado. Invirtió sólo 40 mil dólares, se venía la guerra. Le pide al Louvre que guarde su colección y se lo niegan porque era muy moderna…

Se va a Nueva York y abre otra galería, y le hace un contrato a un joven borracho que era Jackson Pollock, le costaba vender las pinturas en 1000 dólares, hoy valen 50 millones.

Enamorada de Venecia se muda allí. Compra un Palazzo y vive rodeada de 11 perros y de una colección única en el mundo: Picasso, Magritte, Dalí, Marino Marini, Alexander Calder, Giacometti… en fin, todo de los mejores.

Peggy junto a dos pinturas de Pollock.
Peggy junto a dos pinturas de Pollock.

Fallece en 1979 y es quizás el lugar más bello de la más bella… valga la redundancia. Decía que no era coleccionista… “¡Era un museo!”v

Imágenes adjuntas en la nota.

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